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Por LCC Renato Castillo Escobedo

“En las antiguas calles del seminario (Liceo) y San Diego (Garibaldi), habitaba una casa una la señorita de nombre Severa, de caminado extraño a la que apodaron la Chapulina. Fue acumulando bienes y casas por medio de préstamos hipotecarios. Fue muy conocida en el mundo de las finanzas como una gran agiotista, ya que al ciento ocho por ciento anual, hacía grandes operaciones.
Su casa todavía se puede apreciar como ejemplo de la arquitectura de fines del siglo XIX. Su interior está decorado con murales, tanto en el corredor, como en el comedor y el zaguán. Según la gente de los alrededores y del barrio del Santuario, en una de estas paredes estaba pintado un chango o mono, que lo bautizaron con el nombre de Familiar. Decían que esta señorita se había hecho rica, porque el changuito, en vez de hacer caca, hacía dinero. Por eso, cuando alguna persona se hacía rica en ese tiempo, “de la noche a la mañana”, decían que la había zurrado el familiar.


La chapulina también era famosa por los Nacimientos y Altares de Dolores o Incendios (que se llamaban así por la cantidad de velas que lo alumbraban), en donde lloraba la Virgen muy buenos ponches y ella atendía a la concurrencia con suma amabilidad y les obsequiaba pasteles y empanadas, además de toritos, que eran refrescos con alcohol.?*
Hoy en día La Chapulina es un destino, un punto de recuerdo, es el idilio mágico entre la historia y el mundo moderno. Es difícil encontrar en el centro histórico de la ciudad de Guadalajara, un destino tan singular y lleno de leyendas como este establecimiento de comida mexicana. Nombrado patrimonio histórico del Estado de Jalisco en Noviembre del 2007, liceo 306 se ha convertido rápidamente en un centro de visita obligada para el turista extranjero, que busca un espacio cómodo, servil y rico para aprender y pasar la tarde.


Una hermosa finca decimonónica, de estilo ecléctico, cuya principal característica de estilo arquitectónico, es la mezcla y enriquecimiento de estilos, aunque es más bien una deformación de estilos mejorados por talento de artistas mexicanos.
En fin, justo como su comida, la fachada de “la chapulina” es una rica combinación de ingredientes.
Ya en el plano horizontal, ingresamos por el típico zaguán decorado con pintura mural, atravesamos un corredor y llegamos al centro de un patio de trazo asimétrico, en donde se encuentra la tradicional “pila”, ahora llamada fuente. Rodeando o enmarcando este patio, tenemos una serie de arcos pariados, cuya geometría responde al trazo de una elipse. Finalmente como complemento de esta composición, tenemos una portada o pórtico, que seguramente daba acceso a la huerta, este elemento arquitectónico, como el resto de la casa, responde también estilísticamente a un ecléctico tardío, o mejor dicho ya muy recargado en decoración. En cuanto a la disposición de espacios, estos se encuentran básicamente formando una crujía perimetral intercomunicada, justo como se usaba en la época. Visitar pues esta finca es, justamente remontarse a los finales del siglo XIX y respirar los olores de una época en la que se privilegiaba el buen vivir. •

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