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Por Melissa Isais

Todo lugar nos provoca sensaciones, cuando los olores, los sonidos, lo que vemos y sentimos de un espacio nos llevan a algún lugar o recuerdo.


Estando sentada entre cojines de colores con el olor dulce del incienso y las luces tenues de las velas, viajé a Marruecos con el poder que aquel lugar tenía sobre mis sentidos, los sabores fuertes de la comida que poco a poco degustaba al ritmo de la música árabe y de la danza de una sensual bailarina que movía los velos alrededor de su cuerpo, me hizo sentir por un momento que salí de la rutina de mi vida y como si hubiera tomado un vuelo a una ciudad exótica, estaba ahí disfrutando de una de las exquisiteces de la vida. Cuando vi aquella mujer bailar me pregunté como es que emanaba esa sensualidad tan natural, me sorprendí cuando supe que esta danza es originaria de Egipto y las mujeres se reunían para danzar a los dioses, lo hacían desnudas ya que entonces se consideraba sagrada la desnudez humana; después llegaron los cristianos y prohibieron que se efectuaran estas danzas por ser paganas, aunque algunos coptos permitieron que se efectuara de manera oculta y así formaban parte de los entretenimientos sociales.


La música forma parte fundamental de un espacio cuando se sale a disfrutar de un buen rato, en este caso la árabe que definitivamente te transporta a su cultura, que por tradición se transmite oralmente y la mayoría de las veces se aprende líricamente.
La comida no podía faltar, ese elemento que en conjunto se disfruta y se descubre. Mi acompañante y yo probamos dos platillos: Los Meknés que son unos bocadillos de pan pita y con un guisado de berenjenas, especias y queso, acompañado de un aderezo de yogurt y queso ($58), deliciosos sabores fuertes, y dolmas cordero en pasta filo, que son unos rollitos crujientes rellenos de cordero y verdura ($98).


Cada bocado en mi boca y con la vista de los techos altos, cortinas de velos de colores, cojines por todos lados, la luz de las velas, los tapetes persas llenos de pétalos de rosas rojas, definitivamente hicieron de este lugar una experiencia árabe con la intención de un lugar que te comparte la cultura marroquí con todo lo que conlleva los sentidos.
La Medina de Fez un lugar en el centro de Guadalajara que por un momento te saca con su ambientación peculiar y sus contrastes. En Marruecos Fez es una de las más antiguas ciudades del norte y Medina, en árabe, significa “pueblo” y hoy en día es un laberinto de calles estrechas.


Y cuando estaba en mi viaje exótico regresé de mi sueño lúdico cuando un “viene viene” que “cuida” los autos interrumpió a media cena para así regresar a mi ciudad después de haber estado por un momento en Marruecos, en fin, así es la vida; una buena velada y con el sonido del laúd y del derbake me fuí bailando mentalmente y con el paladar agradecido por una cena mediterránea que disfrutamos en aquel lugar lleno de cojines de colores. Viva Africa. •

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